La JMJ Panamá reafirma que la iglesia está más viva que nunca

Las jóvenes de Colombia se sumaron a los 190 países que hicieron presencia en la JMJ. Fueron varios los mensajes que el Papa Francisco quiso dejar en esta jornada, pero en especial enfatizó en que: “los jóvenes están listos para algo más grande”.

Un grupo de 95 mujeres jóvenes bachilleres y universitarias de diferentes ciudades de Colombia entre las que se encuentran Bogotá, Cali, Cartagena, Barranquilla y Bucaramanga que vienen recibiendo formación integral en los Centros Culturales, le apostaron a vivir la experiencia de la JMJ Panamá 2019 y armar lío, invitación hecha por el mismo Francisco previa a la jornada.

Desde hace 10 meses, las jóvenes se prepararon para participar como peregrinas en esta jornada esperando que este espacio reafirmara su fe.

Fueron 8 días de grandes experiencias y enseñanzas. Previo a la llegada del Papa realizaron labor social en dos ancianatos de caridad, cuyo objetivo principal era sacar a los abuelos de la rutina a través de actividades lúdicas como cantos, bailes o simplemente escuchar sus historias.

Antes de la jornada, las jóvenes realizaron diferentes actividades culturales, dentro de las que se encontraba la visita al Canal de Panamá, sin dejar a un lado su preparación espiritual a través de la catequesis diaria.

Uno de los hechos más sorprendentes para las jóvenes, fue ver reunidas a miles de personas confirmando su fe; diferentes razas, religiones y lenguas en torno a un gran sueño, compartir junto al Papa Francisco su anhelo de un mundo liderado por la juventud.

De acuerdo con Laura, una de las jóvenes que se preparó en el Centro Cultural La Cuesta ubicado en la ciudad de Medellín: “La JMJ fue una experiencia que nos permitió vivir nuestra fe junto a miles de jóvenes de todo el mundo, con culturas, sueños y anhelos totalmente diferentes, pero viviendo este momento de una forma única, logrando unir más a los jóvenes y así poder alzar la voz y demostrar una vez más que acá estamos, dispuestos a hacer de nosotros lo que Dios desee que seamos”.

El 23 de enero fue el día más anhelado por los 200 mil jóvenes de todas las nacionalidades que esperaban con ansias la llegada del sumo pontífice en el Campo Santa María la Antigua – Cinta Costera; por supuesto nuestras peregrinas invadidas por la alegría y entusiasmo de este sueño hecho realidad, acompañaron cada uno de los pasos recorridos en esta jornada por Francisco. Asistieron a la ceremonia de acogida y apertura, la vigilia, el viacrucis, la eucaristía dedicada al altar de la Catedral Basílica de Santa María, la misa ofrecida por los voluntarios y cada uno de los espacios de esta jornada.

Uno de los mensajes del Papa que mayor impacto dejó en las jóvenes colombianas, fue el protagonismo de la mujer a través del ejemplo de María, pues ella nos ha invitado a no tener miedo al futuro, decirle sí al plan de Dios sin un seguro de vida, a comprometerse y apostarlo todo. Hecho trascurrido durante la vigilia que tuvo lugar en el Campo San Juan Pablo II.

En palabras de Estefanía estudiante de Derecho de la Universidad de La Sabana quién se preparó en el Centro Arboleda ubicado en Chía: “Francisco nos invita a abrazar la vida como venga, con toda la imperfección, contradicciones, aciertos y desaciertos porque todo hace parte del plan de Dios y aunque resulte abrumador, sólo una cosa es necesaria: confiar, decir como María: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Sin lugar a duda, esta experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud Panamá 2019, marcó la vida de las 95 jóvenes peregrinas de diferentes ciudades de Colombia que participaron en ella, quienes lograron acercarse más a la iglesia. Según Valentina, otra de las peregrinas: “Me complace decir que este encuentro me hizo considerar toda mi forma de vivir, de amar a Dios y me dije «no es suficiente, puedo hacerlo mejor» porque él se merece lo mejor de mí”.

Para Laura de la residencia universitaria Inaya ubicada en Bogotá la iglesia está más viva que nunca en sus palabras: “Ahora puedo sentir la iglesia más viva que nunca, oír una Ave María en distintos idiomas o entender que cantando y bailando también expreso mi fe y me uno a Dios, es una experiencia maravillosa”.

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